martes, 12 de enero de 2010

CAUSA Y EFECTO




Parashát: vaErá



Por: Rav Menajem Abdeljak Sh”lita


Hashem le reitera a Moshé Rabenu su decisión de redimir prontamente al pueblo judío y así se lo dice:

Y os sacaré de debajo del yugo egipcio y os salvaré de la esclavitud y os liberaré con brazo tendido y grandes justicias y os tomaré como mi pueblo y seré vuestro D-ios y sabrán que yo soy Hashem quien los salvó del yugo egipcio. (Shemot 6:6,7).



Estas cuatro expresiones de redención, como lo expresa claramente el Pasuk, hablan de cuatro soluciones a igual número de asuntos.

En primer lugar, la salida del yugo egipcio, que no es la esclavitud, sino el sólo hecho de estar sometido a la cultura idólatra y materialista. Antes de proceder a redimir al pueblo definitivamente, Hashem necesita extirpar de sus corazones todo rasgo cultural faraónico. Esta desconexión de la cultura de Egipto comienza en la conducta del pueblo. Ellos, a pesar de estar sometidos, no lo perdieron todo. Como nuestros sabios enseñan que tres méritos los hicieron acreedores a la salvación: Mantener los nombres judíos, la vestimenta y el idioma. Es decir, que si bien no llegaron a desarrollar un estado espiritualmente ideal, no se dejaron vencer del todo. Mantuvieron con todas sus fuerzas aunque sea algo.

Una vez llevado a cabo esto, nos iniciamos en el segundo paso: terminar con la esclavitud física. Como nuestros sabios dijeron en el talmud (Rosh Hashaná 11b) que la esclavitud finalizó seis meses antes de la salida de Egipto. Aparentemente, esto es misión exclusiva de Hashem. Pero no, hizo falta la fe de pueblo. Como la Torá lo dice: “Vaiaamén haam” “Y creyó el pueblo”. La confianza de Am Israel en las palabras de Moshé que traían el mensaje de salvación de Hashem, engendraron éste cese de la servidumbre.

Luego llegó la etapa del enjuiciamiento. El momento de demostrar al faraón, a sus súbditos, al mundo entero y por sobre todo al pueblo judío que es Hashem el exclusivo director de esta gran orquesta, el universo. Entonces comienzan una serie de milagros que burlan todas las “Leyes Naturales”. El agua se convierte en sangre, el fuego y el agua se unen en la forma de un granizo conteniendo una llama en su interior, etc. Milagros de público conocimiento. El comportamiento de Am Israel, quienes no respetaron las “Leyes Sociales” egipcias, sino que se identificaron como judíos en un entorno tan hostil, motivó el abandono de las “Leyes Naturales” de parte de Hashem.

Y finalmente podemos tocar tierra cuando llegamos a: “y os tomaré como mi pueblo”, la revelación del Creador en el monte de Sinai. A partir de éste momento, los -hijos de Israel- pasan a ser el -Pueblo de Israel-. Como podemos ver claramente en Perashat Itró (Shemot 19), la entrega de la Torá implicó toda una preparación del pueblo. Hashem les ofreció la Torá a todas las naciones y no la aceptaron. Finalmente, Am Israel se comprometió a obedecer incondicionalmente las ordenes divinas y dijo “Naasé Venishmá” “obedeceremos y luego comprenderemos”. Entonces, Hashem les entrega su hija única, la Torá, a ellos.

Éste es el camino a recorrer por los hijos de Israel desde la esclavitud de cuerpo y alma, a la liberación total y la obtención de la fórmula a una vida plena y realista. Y siempre, como consecuencia directa de la actitud del ser humano.

¿Y quién es el encomendado para esta misión tan especial? Moshé Rabenu.

Al comienzo de la Perashá, Hashem le cuenta a Moshé que se le va a revelar de una manera superior a la cual lo hizo con los patriarcas: Abraham, Isjak y Iaakob. A Moshé se le dará a conocer con el nombre de -Shem Havaiá-, que es el nombre que expresa la característica de la actuación rompiendo las barreras naturales.

Moshé, como lo vemos cuando el pueblo judío incurrió en el grave error de idolatrar al Becerro de Oro, poseía la cualidad de entregar todo por ellos. No sólo lo material, sino absolutamente todo. Cuando él dice (Shemot 32:32): “Y si no (los perdonas), suprímeme de tu libro”, nuestros sabios interpretan que él estaba dispuesto incluso a perder todo su mérito para el Olam Habá -el mundo venidero-.

Tal desinterés lo elevó por encima de los límites de su cuerpo. Aquel que se sale de sus límites naturales y obra el bien desinteresadamente merece que también Hashem lo haga por él. Por ende, es la persona indicada para ser el autor de todos estos milagros.

El hilo conductor de toda esta historia es el efecto que las acciones y las decisiones humanas tienen sobre su destino.

SHABAT SHALOM

Una Anécdota del Talmud.

Rab Huná obtenía su sustento de una bodega. En una oportunidad, se le avinagró toda la producción, cuatrocientos toneles de vino. Esto lo angustió sobremanera.

En su malestar, recibió la visita de sus compañeros, otros Jajamim. Los Rabanim, al entrar en conversación con él, le sugirieron examinar y reflexionar sobre sus actos, para encontrar qué fue lo que provocó esta pérdida.

Les respondió Rab Huná con una pregunta -¿Ustedes desconfían de mí que pude haber incurrido en algún pecado tan grave? A lo que le retrucaron ellos - ¿Y acaso tú, desconfías de Hashem que haga injusticia?

Dijo Rab Huná: Demuéstrenme ustedes cual pudo haber sido mi error. Éste era el momento que ellos esperaban. Entonces le respondieron: Nosotros escuchamos que cuando tú le das a tu trabajador el porcentaje correspondiente, de acuerdo al contrato, sólo le das de las uvas y las ramas te las llevas todas. Pero la Halajá establece que también se le debe dar el porcentaje en ramas, ya que sirven para hacer fuego.

Pero Rab Huná tenía su razón para actuar de éste modo. El operario solía sustraer frutas no declaradas. Por lo tanto, él creía que podía cobrarse su deuda por éste medio.

Sin embargo, los Jajamim no estuvieron de acuerdo con él y le determinaron que eso no justificaba nada. Él debía actuar honestamente. Él debía sacar el cálculo desde su inicio de actividades y pagarle al trabajador lo que correspondía por las ramas.

Rab Huná obedeció la indicación de sus compañeros y el vinagre volvió a ser vino. Según otra versión, el preció del vinagre superó al del vino.

RABÍ NAJMAN ENSEÑA.

El vino húngaro es conocido entre los amantes de esta bebida como de los mejores y más nobles. Antaño, en Europa, se vendían a muy altos precios.

Un humilde carretero tuvo una vez la oportunidad de transportar un comerciante de éste vino quien llevaba unos barriles de una ciudad a otra. Al llegar a destino, el comerciante le invitó con una copa. El campesino aprovechó la posibilidad, quizás irrepetible, y asintió a degustarlo.

Un tiempo más tarde, en el pueblo del cochero se celebraba la boda de la hija del terrateniente. Para esta ocasión, se preparó una fiesta con los mejores manjares y bebidas. El feudal dejó correr un rumor que se va a servir vino húngaro.

En el festejo, toda la gente se desesperaba por beber del vino y lo elogiaban extraordinariamente. No obstante, nuestro carretero, se el acercó al feudal y le dijo secretamente: “No sé qué pueda pensar todo éste gentío. Pero yo no lo creo, a mí no me podrá engañar, yo ya he probado el vino húngaro”.

Aquel que probó el gusto de la Torá y las Mitzvot, aquel que experimentó el sabor de la verdad, podrá caer en a tentación y decaer de su nivel. Pero siempre regresaría, porque ya conoce y distingue qué es verdad y qué no.

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