domingo, 3 de enero de 2010

¿POR QUE?


¿POR QUÉ?

Por: Rav Daniel Oppenheimer
Parashát Shemót



Hace algunas semanas recibí la siguiente consulta (omití el nombre de la persona que la envió). Es una pregunta muy común y creo apropiado dedicarle estas líneas:

Escuché muchas veces, de mucha gente, decir que esto pasó por tal cosa, y que "les duele la boca, porque hablaron Lashón Hará", y que "se cayeron porque hicieron tal y tal cosa", y todas cosas de ese estilo, que la verdad no lo entiendo y no me gusta, y encima de todo dicen que es "min hashamaim" (Providencial).

¿Qué es esto? ¿acaso la Torá es para vivir sintiéndose culpable?

¿Cómo saben "interpretar" las cosas que pasan?

No lo veo bien, porque quizás a una persona le puede llegar a doler la muela, pero es simplemente porque no se lavó los dientes la noche anterior, y ellos se sienten culpables y mal, por las cosas que hicieron, y eso los hace sentir peor y con culpa.

Gracias por escribir y confiar.

Creo que es menester dividir tu consulta en varias partes, pues es común que cuando la gente formula las preguntas, estas no surgen únicamente por un interés intelectual, sino que mayormente están acompañadas de una carga emocional por alguna pérdida sufrida (y que a su vez, limita la posibilidad de aceptar una respuesta de orden intelectual). Aun si no lo mencionas, en muchas oportunidades la cuestión va asociada a un cuestionamiento a la existencia de la Justicia de D-s, que se cree no poder apreciar en esa coyuntura. De todos modos, intentaremos responder desde el plano lógico - como si se tratara de de una preocupación filosófica solamente.

En tus palabras, se habla en primer lugar de lo providencial de los acontecimientos. También surge la posibilidad de que los seres humanos interpretemos los motivos por los que estos acontecimientos han sucedido.

Seguido hablas de la culpa que supuestamente se hace sentir a una persona cuando le ocurren sucesos no deseados.

Por lo tanto, intentaremos seguir precisamente ese orden.

Del hecho que todo lo que sucede es lo que llamas -min hashamaim- (Providencial), no cabe la menor duda. Eso es parte del Aní Ma`amin, y en el primero de los conocidos 13 axiomas del Judaísmo aprendemos que D-s es el Creador y Causa de todo lo que sucedió, sucede y sucederá.

Si bien los seres humanos somos libres para poder obedecer Su mandato, y, por lo tanto, pudiera parecer que nosotros fuésemos los artífices de lo que está sucediendo, ningún movimiento del hombre sería posible sin la asistencia Di-vina aun cuando se oponga a lo que El ordena.

Ahora bien. Aun si entendemos que los eventos de la naturaleza están determinados por D-s, de todos modos, nos cuesta aceptar que las circunstancias causadas por acciones humanas respondan a la determinación de D-s.

En primer lugar esto es así, porque en la costumbre de apreciar causa y efecto, al ver que cierta persona obra de determinada manera, y después advertir las consecuencias de ese acto, pareciera ser obvio que el resultado fue consecuencia de obra humana y no de

D-s. Asimismo, sabiendo que los judíos entendemos que el ser humano goza de libre albedrío para cumplir con las ordenes de D-s, se torna más difícil aceptar que D-s sea Causa de los acontecimientos - por un lado - y reconocer al ser humano como libre y responsable para actuar y determinar.

A fin de resolver esta incógnita, R.Sh.R. Hirsch z"l, señala en su comentario a la Torá, que D-s guía la historia de la humanidad hacia el objetivo que Él define valiendoSe de las acciones humanas, aun si van en contra de Su Voluntad. El pasaje en Mishlé 26:10 reza que el "Director, Causante de todo, dispone del necio y arrienda a los pecadores".

¿Qué significa esto?

Uno de los casos clásicos y más conocidos de la Torá en el que podemos reconocer cómo se cumple a voluntad de D-s a través de las acciones de los seres humanos, aun cuando estos mismos seres humanos tienen sus propios proyectos que no solo no tienen la intención de cumplir con la voluntad de D-s, sino que con sus acciones contundentemente desafían lo que Él ha determinado como Bien y mal, es la muy famosa odisea de Iosef.

Muchos años antes que Iosef llegara a Egipto, el Todopoderoso ya había anunciado proféticamente a Avraham que sus descendientes saldrían al exilio y que serían esclavizados en una país ajeno. El sitio y el momento preciso de cuándo y dónde eso ocurriría, no fue aclarado a Avraham.

Pasaron los años, y entre los hijos de Iaacov acaeció una discordia. A raíz de los sueños proféticos que Iosef relató a su familia, la brecha fraternal se fue ampliando. Las cosas llegaron a tal punto, que los hermanos (sospechando que Iosef quisiera excluirlos del futuro pueblo de Israel) terminaron vendiendo a Iosef a una caravana que lo conduciría a Egipto. Este acto evidentemente no concordaba con la Ley de D-s, pero llevó a Iosef al lugar al que todo el pueblo estaba destinado a ser desterrado. En Egipto, Iosef fue calumniado por la esposa de su amo Potifar y colocado en la cárcel. Allí en la cárcel cayó en gracia con el encargado del lugar y, por lo tanto, se encontró - 10 años más tarde - a cargo del copero del Faraón a quien le interpretó su sueño. La interpretación que brindó al copero fue acertada, pero este olvidó a Iosef y no le demostró gratitud ayudándole a salir de la cárcel. Pasaron dos años adicionales y el Faraón tuvo sus fatídicos sueños en el que veía como las siete vacas flacas devoraban a las vacas gordas, y lo mismo sucedía con las espigas raquíticas que se consumían a las espigas gruesas. En ese momento, el copero recordó los dones de Iosef y se los hizo saber al Faraón. De ese modo, Iosef accedió al puesto de virrey, desde donde pudo traer a su gran familia Egipto y mantenerlos proveyéndoles del alimento que había bajo su responsabilidad.

Ni la esposa de Potifar, ni el jefe de la cárcel, ni el copero, ni el Faraón tuvieron intención de hacer cumplir la voluntad de D-s en el sentido que Israel saliera al exilio, pero se convirtieron en piezas necesarias en que se cumpla lo que había estado pronosticado desde 245 años antes a Avraham.

Ampliemos desde otro pasaje de Bereshit:

Malkitzedek (según algunos comentarios es Shem - hijo de Noaj), rey de Shalem, salió al encuentro de Avraham, cuando éste llegó victorioso de la batalla contra los reyes que habían tomado prisionero a su sobrino Lot. Malkitzedek bendijo a Avraham ante "el Poder Supremo, Dueño de cielo y la tierra" (Bereshit 14:18). Un rato más tarde, Avraham juró al rey de Sdom que no llevaría absolutamente nada de botín de Sdom, a quien había vencido. Avraham repitió en su juramento casi las mismas palabras emitidas por Malkitzedek: "Juro por D-s, Poder Supremo, Dueño de cielo y la tierra-.

¿Por qué esta -pequeña- discrepancia entre las palabras de Malkitzedek y Avraham en su apelativo a D-s?

Según R.Sh.R. Hirsch z"l, la diferencia entre las palabras de Malkitzedek y Avraham radica en que el primero, aun reconociendo la existencia y autoridad de D-s como Creador Único del mundo, y Quien elaboró y diseñó toda la naturaleza, - no llegaba a comprender la intervención de D-s en los quehaceres humanos, dado que las personas gozan de libre albedrío y - a simple vista - son los artífices de todo lo que sucede a través de ellos.

Avraham, sin embargo, entendió a D-s como Aquel que no solo creó la naturaleza de los animales quienes están regidos invariablemente por los instintos, sino que aun la historia de la humanidad refleja la Voluntad de D-s Quien la lleva hacia el objetivo que Él define, precisamente a través de acciones humanas libres, aun si estas no se realizan cumpliendo con las leyes éticas que Él prescribió.

Hasta aquí hemos intentado aclarar - en lo posible - la armonía entre el Poder absoluto de D-s, y el libre albedrío de los seres humanos. Falta ahora seguir con el próximo punto acerca de si podemos interpretar la Voluntad de D-s, si podemos o debemos intentar entender la razón de lo que sucede, si el hecho en sí de preguntar constituye un acto de herejía, si debemos sentirnos culpables por los acontecimientos adversos, y si estos cuestionan la Justicia de D-s.

Lo dejaremos para una próxima oportunidad, B"H.

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