lunes, 18 de enero de 2010

SALIDA DE EMRGENCIA



SALIDA DE EMERGENCIA

Parashát: Bó


Por: Rav Menajem Abdeljak Sh”lita

- Buenas tardes señores y señoras, les habla el comandante. Estamos visualizando un principio de incendio en el ala izquierda de la aeronave. Les rogamos mantener la calma y atender las instrucciones de la tripulación-.

El aparato comienza a sacudirse fuertemente y el parlante deja oír nuevamente la voz del capitán de a bordo: Señores pasajeros, les pedimos dejar todas las pertenencias en el aeroplano, hacerse cada uno de su paracaídas y acercase a la salida más próxima.

Caos, pánico y convulsión. Cada quien se dirige, tal cual lo indicó el capitán, a la salida cercana. En el fondo, alguien se resiste a salir y hace fallidos esfuerzos por extraer de la gaveta superior su reproductor de Mp3. Para escuchar música en el camino, le explicó al sorprendido tripulante que le instaba acercarse a la puerta.

Finalmente, el avión pudo aproximarse a diez metros del suelo en una pista de aterrizaje improvisada mientras los pasajeros se dejaban caer con sus paracaídas y se alejaron lo suficiente antes de oír el imponente estallido de la máquina y su destrozo.

Felizmente no hubo que lamentar pérdidas de vidas. O mejor dicho, casi, no hubo que lamentar. ¿Ya adivinó? Nuestro amigo del Mp3 fue la excepción.

Llega la hora de salir de Egipto. Familias enteras están a punto de salir a una ruta larga y desconocida. Hay que llevar alimentos para tiempo indefinido. Sin embargo, no vemos que lo hayan hecho. Es más, la Torá lo dice claramente: “y aún víveres no prepararon”.

Deberíamos entender porqué HaShem no les dio tiempo para preparar algo de comer y por ende descubrir el mensaje que encierra esto para nosotros.

Como bien sabemos, la cuestión egipcia no se limitaba a lo material. Nuestros sabios nos enseñan que existen cincuenta niveles espiritualidad de pureza y paralelamente, otros tantos de impureza. Mitzraim era el centro de toda inmoralidad y concupiscencias y el pueblo judío llegó a emponzoñarse hasta sumirse en cuarenta y nueve de estos grados.

Cuando llegó el momento de la salida, no había tiempo que perder, la situación apremiaba. Si permanecían allí aunque sea unos instantes más, hubieran precipitado al último nivel y ya era prácticamente imposible remediarlos. HaShem evidentemente podía darles tiempo para aprontar algo, pero corrían un severo riesgo. Entonces, dice la Torá: “Y no pudieron demorarse y ni siquiera prepararon víveres”.

Era una cuestión de tiempo, de apremio, de apuro, era ahora o nunca. ¿Y quién tiene tiempo en ese momento para pensar en un pedazo de pan o una porción de carne?

Cuando HaShem nos envió al mundo, nos dispuso una misión. Para llevarla a cabo, nos proveyó todos los instrumentos necesarios y nos dio la Torá, para que estudiándola y ahondando en ella podamos descubrir cómo desarrollarla. Sin embargo, la gran parte de la humanidad fracasa en el desempeño de su tarea y pasa por éste mundo sin hacer nada en dicho sentido.

Esto se debe a que el ser humano se encuentra en Mitzraim. La palabra MiTZRaim proviene de MeTZaR que significa límite. Sí, tenemos límites. La sociedad, la familia, las obligaciones laborales, las vacaciones, las adquisiciones materiales, etc. A ciencia cierta son justamente estos mismos los instrumentos que HaShem nos adjudicó, pero son un arma de doble filo, ya que al malversarlos se convierten en obstáculos para nuestra gestión.

Entonces el ser humano se acomoda en sus obstáculos y comienza a vivir en una burbuja en la cual todo figura dificultoso para la realización de su compromiso para con HaShem.

-No puedo ir al curso, tengo que ayudar a mi mujer en casa.

-No puedo empezar con el Kasher o mejorar el Tzeniut, mi esposo no quiere saber nada.

-No puedo colaborar

-Por mi, lo hubiera hecho hace rato, el tema es que no puedo aislarme de la familia. Si dejo de viajar en Shabat, no voy a poder ir más de mis padres, familiares, etc.

-Me cuesta levantarme, estoy terminando muy cansado.

Irónicamente, son todos pretextos reales. Pero “casualmente” siempre surgen a la hora de una Mitzvá. Durante un largo período le insistí a una persona para que venga de mañana temprano a Tefilá. Al cabo de un tiempo, al ver que no daba resultado, deje de llamarle la atención. Un día, sorpresivamente, cuando llegué al Bet Hakeneset, lo vi sentado ya con el Tefilín colocado y esperando el comienzo de la Tefilá. ¡Te felicito! exclamé. -No piense mal - me respondió, hoy me levanté temprano por que se jugaban las eliminatorias en Corea y por la diferencia de horario acá empezó a las cinco de la madrugada.

Evidentemente, cuando decía que no podía levantarse para Tefilá, estaba en Mitzraim. Estaba encerrado en límites virtuales. Ya que si realmente estaba imposibilitado, entonces nada lo podía haber sacado de la cama. Pero él no tenía tan claro que la Tefilá es importante por lo menos tanto como un encuentro futbolístico. El partido logró atravesar la barrera del sueño, el servicio de HaShem no. Es cuestión de actualizar la escala de valores.

Esta es la intención de la salida apresurada de Mitzraim sin dar tiempo a aprontar víveres. El mensaje es: Cuando hay que escapar del peligro, no hay tiempo para pormenores. Cuando se huye de las manos del mal, no se puede volver la vista atrás, hay que alejarse sin demoras.

Es por esto que en Pesaj, la única obligación que la Torá nos encomendó, es ingerir Matzá ya que esta es el símbolo de de la salida urgida. Por ende, éste es el espíritu de Pesaj, -La Festividad De La Libertad-. La libertad por excelencia, es la de cada Yehudí de sus propios límites imaginarios. ¿Y que mejor que el pan que no se dejó leudar al salir de prisa? Es el claro mensaje de la importancia de arrinconar los pequeñeces a la hora de los peligros espirituales.

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