lunes, 1 de febrero de 2010

DEBAJO DE LA MONTAÑA



DEBAJO DE LA MONTAÑA


Por: Rabino Daniel Oppenheimer
Parashát: Itró


El relato de la Revelación Di-vina frente al Monte Sinaí en la lectura de la Torá del sábado, es uno de los momentos sobresalientes en la liturgia de muchas sinagogas. Según algunas tradiciones, el público se pone de pie durante la lectura de los diez mandamientos - no porque esta parte fuese más importante que el resto de la Torá, sino porque repetimos con esa acción la experiencia que se narra en la Torá, en donde todo el pueblo estuvo parado atento a la palabra de D
i-s.
Nuestras sinagogas también poseen (y deben poseer) esa semejanza con aquel único e histórico momento en que los seres humanos (nuestros abuelos) aceptaron y recibieron la Torá que es la esencia de nuestra vida, nuestr
a razón de ser y debe transformarse en el fundamento ético de cada uno de los actos de nuestra vida. Es por eso que el diseño de la sinagoga tiene el espacio destinado a la lectura de la Torá en el centro y en un nivel más elevado al resto de la sinagoga, y los feligreses ubicados alrededor de ese centro.

El relato de las circunstancias en la que sucedió la Revelación está dos veces en la Torá: En Shmot (Cap. 19 y 20) y nuevamente en Dvarim (Cap. 5), cuando Moshé advirtió a la segunda generación, aquella que ingresaría a la tierra de Israel a seguir observando la Torá.

Uno de los pasajes que llaman la atención a quien estudia la Torá es aquel que menciona (Shmot 19:17) que el pueblo se paró
abajo de la montaña”. Si bien, se puede entender que el versículo nos indica que estaban al pie de la montaña, y esa debe ser la explicación simple e inmediata, el Talmud (Shabbat 88.), sin embargo, tiene una tradición adicional sobre este pasaje.
En las palabras del Talmud, este pasaje me viene a enseñar que
“D”s colocó sobre ellos la montaña en forma de olla (en hebreo sería -kafá aleihem Har keGuiguit-), diciendo al pueblo: “si aceptan la Torá, bien; de otra manera, este será el sitio de vuestra sepultura”.
En otras palabras, lo que este Midrash nos está exponiendo, es que hubo un elemento de coerción Di-vina hacia el pueblo en la aceptación de la Torá. De todos modos, el Talmud nos dice a continuación que volvieron a someterse a la Torá en la época de Ajashverosh (el milagro de Purim), unos 1.000 años más tarde - sin aquella sujeción inicial.

Más allá de este último consentimiento posterior soberano de la gente, nos llama la atención el modo de expresarse del Talmud, en el sentido que hubiera presión Di-vina que obligara al pueblo de Israel a asumir la ley de la Torá, cuando los propios versículos de la Torá, parecieran indicar lo contrario.
Al comenzar el Cap. 19 de Shmot, claramente se expresa el ofrecimiento de D
i-s al pueblo que lo podía recibir de modo voluntario y espontáneo. Allí Di-s propuso a los judíos a “convertirse en un reino de sacerdotes y un pueblo santo”. El pueblo respondió que “todo lo que Di-s dijo, es lo que haremos”. ¿A partir de qué instancia el Talmud trae la noción de que hubo obligación de admitir la Torá?

Cuando uno analice el detalle del ofrec
imiento de Di-s, va a encontrar en la introducción de las palabras de Di-s al pueblo, un párrafo que se podría haber ahorrado: “Ustedes han visto lo que he hecho con los egipcios, y los transporté a Uds. sobre alas de águila y los traje hacia Mi” (Shmot 19:4). ¿Por qué era necesario este prólogo, y de qué manera se relaciona con lo que venimos tratando de entender?

Aceptar la Torá no es materia fácil. Quienes intentamos observarla, sabemos que es muy exigente. No por nada, los seres humanos se habían negado a recibirla durante los dos milenios anteriores, y muy pocos se sumaron desde aquel momento hasta hoy.
Para nosotros es una fuente de orgullo pertenecer a un pueblo que la observa y lo ha hecho aun en las circunstancias más complejas y riesgosas. Pero nosotros ya la recibimos como herencia y tradición de nuestros padres.
Aquella primera generación era plenamente conciente del valor de la Torá, pero también del peligro de no observarla correctamente.
D
i-s “ayudó” a esa decisión del pueblo con una frase que tenía dos compromisos: “Ustedes han visto lo que he hecho con los egipcios”.

En primer lugar,
los israelitas no podían negar la Omnipotencia de Di-s, pues - como lo comunica este pasaje - ellos habían presenciado y visto lo sucedido en Egipto, las plagas, la partición del Mar Rojo, etc. No podían negar ni desconocer Quién rige los destinos de este mundo, ni el rumbo al que lleva la maldad (como les sucedió a los egipcios).

En segundo lugar, hay en estas palabras una apelación al sentimiento de gratitud que se debe sentir por la bondad que se recibió:
“y los transporté a Uds. sobre alas de águila y los traje hacia Mi” De haber sido esclavos humillados y abusados, pasaron a convertirse en una nación libre en ruta a una tierra propia, alimentados por pan celestial, y saciados con aguas milagrosas en medio del desierto inhóspito. Ante semejante amabilidad y cortesía: ¿era posible negarse?
De acuerdo a esto que acabamos de explicar, la frase de
“estar bajo la montaña” cobra un significado revelador: la claridad conceptual y el deber ético de gratitud, representan un vigor de exigencia tan fuerte como si uno estuviese bajo una montaña sin escapatoria. O sea: podían - en teoría - rehusarse a la lúcida verdad de lo percibido personalmente, y ser ingratos, pero no era sensatamente posible.

Las palabras de la Torá siguen sonando en nuestros oídos. De pie, frente a la
“montaña” en la sinagoga volvemos a escuchar aquel “Naasé veNishmá”(obedeceremos y estudiaremos) de nuestros abuelos. Tampoco hoy es fácil, considerando que las presiones sociales del entorno frecuentemente entorpecen el cuidado minucioso de las Mitzvot.
En aquellos momentos, la
“ayuda” Di-vina se encuentra en la comparación de la situación en la que los abuelos recibieron la Torá. Es verdad que optaron, pero optaron por algo que intelectualmente y moralmente debían optar.
Y nosotros también.

Daniel Oppenheimer

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