martes, 20 de abril de 2010

Parashat



EL RIESGO DE PECAR

Parashat: Ajare Mot
Rabino: Amram Anidjar Sh"lita

En la Parashá de Ajaré Mot, se habla de todas las prohibiciones que hay en sostener relaciones ilícitas. Después en la Parashá siguiente de Kedoshim, se habla de la importancia que hay en mantener la santidad. En el tratado de Berajot del Talmud Jerosimilitano y en el Zohar (Bereshit, Pág. 81) se dice: Dijo Rabí Abba en nombre de Rabí Yudán Ben Pazi, ¿Por qué están juntas las parashiot de la importancia de la santidad con la de relaciones ilícitas? Para enseñarnos que aquel que se aleje de esas relaciones prohibidas, adquiere mayor santidad.

El Yetzer Hará que hay en esos asuntos es muy fuerte. Najmánides explica por qué se le conoce como Zimá ( ), que proviene de la palabra hebrea Mezimá (atenta), es decir el Yetzer Hará atenta contra nosotros para que caigamos, pero aquel que logra librarse de él, se le llama Kadosh (santo). Tal y como lo dice la Guemará, a Rabí Yehudá Hanasí se le conocía también como Rabenu Hakadosh, porque nunca cayó en ese tipo de pecado.

Este Yetzer Hará lo que busca es que pequemos, cada uno en su nivel. Algunos pecan con solteras, otros con goyot (Dios nos libre) y hay los que caen con mujeres casadas (Dios nos salve). Es importante hacerles saber que por más que una pareja se haya divorciado civilmente, no implica que lo esté según las leyes de la Torá; incluso que vivan separados por más de 10 años tampoco se considera divorciada. La única forma de que una mujer esté completamente divorciada, es con un Guet (documento de divorcio) emitido por una autoridad rabínica competente. Hay muchos que piensan que como ya están separados, todo se puede, pero no es así. El matrimonio termina un Guet y quien no lo hizo todavía, no está divorciado.

Estas tendencias de mantener relaciones prohibidas es tan grande, que nuestros sabios dijeron: NO hay justificativo para las mujeres prohibidas (Ketubot 13b), todos podemos caer, pero hay que cuidarse mucho. Incluso hay algunos de nuestros sabios que cayeron en esas redes; cuanto más nosotros que somos más débiles que ellos, debemos cuidarnos con más preocupación.

La Guemará nos relata sobre Amram Jasida, que era un hombre muy apegado a Dios, recatado, justo, sabio, con muchos alumnos. Un día fue una mujer de la calle a morar en su misma vecindad y el Yetzer Hará empezó a tentarlo diariamente, diciéndole: Es algo muy grave irse con esa mujer, pero hazlo y después arrepiéntete, nadie se enterará, Dios te entenderá. Una noche se levantó el rabino de su cama, fue hacia la casa de esa mujer y cuando empezó a subir las escaleras externas de la casa, se arrepintió, bajó un escalón y lo subió, lo bajó y lo subió. El rabino al ver que el Yetzer Hará era muy fuerte, decidió empezar a gritar, a media noche: ¡Fuego, fuego! Salieron todos los alumnos, lo vieron y le dijeron que los avergonzaba. Les respondió que él prefería avergonzarse en este mundo y no en el venidero, ya que si no gritaba seguro pecaría.

Así también ocurrió con Yosef, como vimos, que incluso que era muy justo, día a día la mujer de Potifar lo tentaba al pecado, hasta que un día decidió irse con la mujer de Potifar y solamente con la misericordia de los cielos se salvó, se escapó, ni siquiera regresó a llevarse sus ropas porque sabía que si volvía, caería.

Otro ejemplo con un final diferente. Rabí Meir Baal Hanés tenía una esposa llamada Bruria, que era muy sabia, justa e inclusive estudiaba mucha Torá, tanto así que ella reprendía a los sabios cuando se equivocaban. Una vez, Rabí Yosi le preguntó: ¿Qué camino me resultaría más corto para llegar a la ciudad de Lud? Le respondió: Tienes prohibido hablar demasiado con una mujer; me debiste haber preguntado, solamente: ¿Dónde está Lud? (Irubín 53b). Era una mujer muy santa y estricta con los temas de recato personal.

Un día Rabí Meir volvió a su casa y Bruria le preguntó qué habían aprendido hoy; le dijo que habían aprendido que el Yetzer Hará puede seducir a todos, inclusive a mujeres. Ella le respondió que era imposible, ya que el Yetzer Hará jamás podría contra ella en esos temas.

Rabí Meir quiso solamente demostrarle que los sabios tienen razón y decidió mandarle un alumno a que la cortejara. El alumno iba todos los días a contarle un cuento nuevo a Bruria para entablar con ella una conversación y así, poco a poco, hasta que cayera. Después de muchos años, un día el alumno de Rabí Meir le propuso a Bruria encontrase en un lugar a solas y ella aceptó. Fue el alumno a donde Rabí Meir y le dijo: Mi rabino, cumplí con lo que me encomendaste. Rabí Meir fue, en vez del alumno, al sitio donde habían pautado encontrase, para demostrarle que no tenía razón, ya que el Yetzer Hará puede seducir a cualquiera. En el momento que Bruria vió a su marido, sintió tanta vergüenza que se suicidó.

Nadie está vacunado contra las seducciones; entonces: ¿Qué podemos hacer? La respuesta más sencilla es no meterse en situaciones de prueba. Es como un conductor que maneja a altas velocidades dentro de la ciudad y si salta un niño a la calle, lo pisa sin querer. Cuando va a juicio, dice: ¿Cómo pude haber hecho para detener el carro, a tan pocos metros de distancia? Es prácticamente imposible. El juez lo ve con lástima y le dice: El problema no es la distancia, sino la velocidad a la que ibas conduciendo el carro. Así ocurre con las relaciones ilícitas. Es muy difícil salir de esa tentación cuando se está en medio de ella y solamente un milagro puede llegar a salvar a la persona de no caer. Por eso lo mejor es ni siquiera meterse en la prueba.

Dios nos lo ordenó en la Torá: “Lo Taturu Ajaré Enejem – No te dejarás llevar por tus ojos” ( ). Todo empieza con la mirada, todo lo que se observa se traslada al cerebro y en él se empiezan a producir imaginaciones, hasta que finalmente ocurre lo indeseado.

Dijo Rabí Ají Ben Yoshia: Todo el que ve a las mujeres, finalmente cae en el pecado. ( ).

Maimónides, en las leyes de Teshuvá (Cap. 84:4) dice: El que observa a las mujeres piensa que no hay ningún problema en eso, ya que se dice a sí mismo, que no la está tocando, ni se está acercando. Pero lo que él no sabe es que la mirada en sí, es un gran pecado porque te lleva, a la larga, a pecar físicamente. Como está escrito: No te dejarás llevar por tus ojos. ( ).

Según lo explicado, entenderemos las leyes en las que los religiosos son tan cuidadosos en tanto que los escépticos no entienden cuál es ese fanatismo.

Los religiosos, desde que son jovencitos, se los separa en los colegios; niños por un lado y niñas por el otro, para evitar que caigan en situaciones de pruebas.

En el momento en que llega la edad de matrimonio, que generalmente es muy temprana, ya que si pasa el tiempo, mayor será la tentación, la futura pareja sale primero a conocerse, y después se casan. En ese momento, mientras se conocen, solamente se habla de ellos mismos. Así se conocen uno al otro, intensivamente, resumidamente, pero no como los no religiosos que salen al cine, la salida de ellos dura 3 horas, ¼ de hora para ir y ¼ de hora para volver, 2 horas y media la película y en total no se hablaron, no se conocieron, etc. La salida siguiente salen en grupo, no se hablan, no se preguntan cosas. Después se casan y vienen las sorpresas. Él dice: ¡Nunca me imaginé eso de tí!

Pero con los religiosos no es así. Cuando se casan con una joven que recién conoció hace cinco meses, duran toda la vida juntos. Pero las parejas no religiosas, después de haber sido novios cinco años, se divorcian al año siguiente de haberse casado.

Cuando en las bodas las parejas son separadas, todos se preguntan: ¿Acaso está prohibido sentarme con mi esposa? ¿No puedo bailar con ella pasodoble? El problema no es tu esposa, el problema son las otras esposas que están a tu alrededor. Como Dios quiere que se mantengan los matrimonios unidos, exige que las mujeres bailen por otro lado juntas, para que dure su matrimonio. (A buen entendedor, pocas palabras).

Por eso la Torá prohibió a la mujer vestir y comportarse sin recato, ya que eso puede causar peleas y separaciones en el hogar. Basta con que el marido compare a su mujer con las demás, para que empiecen las discusiones.

La Torá lo que quiere es que no entremos en pruebas, ya que cuando entramos nos comportamos como los borrachos que pierden el control de ellos mismos. Por eso no debemos beber con nuestros ojos. Hay un sabio refrán que dice: “Ojos que no ven, corazón que no siente”. Si reflexionamos, veremos que todo el comportamiento que exige nuestra religión, es evitar caer en pruebas lo máximo posible y todo a través de leyes que nos hacen cuidar nuestros ojos.

En nuestros días, el Yetzer Hará es muy fuerte, el mundo vive en un gran libertinaje, la publicidad en las calles, la prensa, la televisión, la moda, todo esta estructurado en función de la seducción. Pero no por eso debemos rendirnos, sino por el contrario, Lefun Zará Agrá – Mientras más difícil sea, más recompensa habrá. (Pirké Avot ).

Si nosotros queremos tener un poco de santidad debemos evitar que nuestros ojos, vean cosas que nos pongan en situaciones de dificultad, ya que mientras menos veamos, menos puertas dejamos abiertas al Yetzer Hará.

También el profeta Yeshayá dice: “Otzim Enav Marot Berrá, Melej Beyofió Tejazena Enav – Quien cierra sus ojos al mal, al rey embellecido sus ojos verán” ( ). Lo que se refiere es que aquel que cuide sus ojos ahora, en el futuro podrá ver en el Gan Eden el brillo de la Shejiná (Providencia).

También en este mundo hay recompensa. Hay rabinos muy justos, cabalistas, que cuidan sus ojos, miran solamente al piso, y Dios los premia dándoles una visión que ninguna persona normal puede tener.

Por ejemplo, una vez el hijo de Baba Saleh, que se llamaba Rabí Meir Abujatzera, recibió una visita de unos padres que les habían secuestrado un hijo. Lloraron y le suplicaron al rabino: ¿Dónde está el niño? En ese momento Rabí Meir Abujatzera tomó un lápiz y un papel, empezó a dibujar una calle de Londres con todos sus detalles. Incluso que nunca estuvo allí, les dijo a los padres que en ese edificio, piso tres, apartamento X, en el cuarto de la izquierda estaba el niño.

Otros rabinos de nuestra época también tienen esa capacidad, ¿Cómo la adquirieron? La respuesta es que no ven otras cosas, y así “Aquel que cierra sus ojos al mal, al rey embellecido sus ojos verán”.

Para culminar, les voy a contar un programa de radio, que escuché en Israel, en el que una persona llamó y empezó a contar su historia de cómo volvió en teshuvá: Una vez me paré en la ventana de mi casa; eran como las 11 de la noche, a fumar un cigarrillo. Vivo en Ramat Gan, una ciudad que está al lado de Tel Aviv. Me fijé en una parada de autobuses, donde las personas estaban esperando los últimos autobuses del día, cuando llegó un joven religioso mirando al piso, ya que en la parada había una publicidad obscena. Me dije a mí mismo que si ese religioso estuviese solo, de seguro que se metería hasta en la foto. Pasaron unos minutos, pasó un autobús y todos se subieron a él, menos el jóven religioso que estaba esperando otro número de autobús. Pasaron 15 minutos, todo oscuro alrededor, todos duermen, no hay nadie más que yo a 80 metros asomado a una ventana, esperando que el jóven levante la mirada y vea esa publicidad, pero, simplemente, no la miró. Me dije a mí mismo, si la Torá tiene esa fuerza, de que un hombre sea capaz de doblegarse a sí mismo, y controlar sus deseos, entonces yo también quiero gobernar sobre mí mismo, y no ser un esclavo de mis pasiones.

“Que sea la voluntad de Dios, que a pesar de que día a día, el cuidarse se hace más difícil, que nos ayude con su Torá a cuidar nuestros ojos, para que nuestro corazón esté más limpio y corramos menos riesgo de pecar. Amén.”

No hay comentarios:

Publicar un comentario