lunes, 21 de junio de 2010

AGRADECIENDO


Parasha Balak
Por: Rab Amram Anidjar


Existen tres tipos de agradecimiento a Dios. Uno de ellos es agradeciendo por las cosas buenas que nos ha tocado en la vida. Existe otro tipo de agradecimiento, muy difícil de cumplir, mas no imposible, que es agradecer por lo malo que nos ha ocurrido y hay un tercer tipo de agradecimiento que es por las cosas buenas que están pasando, que ni siquiera nos hemos enterado de ellas. El tema de hoy está enfocado al tercer tipo de agradecimiento.

El rey David dijo en Tehilim ( ): “Halelu Et Hashem Kol Goyim Shabejúhu Kol Haumim Ki Gabar Alenu Jasdó – Alaben a Dios todos los gentiles, admírenlo, todas las naciones, porque mucha es su bondad con nosotros”. La pregunta es: ¿Si Dios hizo bondades con nosotros, entonces por qué David Hamelej les habló a los gentiles? ¿Acaso ellos tienen que agradecer a Dios por las bondades que hace con nosotros? Nosotros somos los que debemos agradecer, y no ellos.

La respuesta es que hay milagros que Dios nos hace y nosotros no nos enteramos, pero los gentiles, sí se enteran. Mientras ellos se preparan para atacarnos, Dios les arruina sus planes, sin que nosotros nos enteremos de ello. Muchos atentados han sido anulados, milagrosamente, por mano de Dios, pero nosotros no nos hemos enterado. Además, están los antentados de los que sí hemos llegado a enterarnos y cómo fueron hechos fracasar inexplicablemente, a través de un milagro. Por eso, el rey David les dijo a los gentiles: Alaben a Dios, porque ustedes saben mejor que nosotros, cuántas bondades hace Él con su pueblo elegido, diariamente.

En nuestra Parashá vemos un ejemplo palpable de cómo Dios cambió la maldición, la brujería, el mal de ojo de Bilam, en bendiciones, sin que Am Israel se enterára. Cerró la boca de Bilam y su ojo, mientras que en el campamento de Israel no se sabía nada de lo que estaba pasando. No se supo que había un intento de perjudicarlos, ni tampoco que hubo un protector, sino hasta que fueron a los mercados de Moab, y allí se enteraron de lo ocurrido.

Cosas parecidas pasan todos los días, pero nosotros no sabemos cuántas bondades hace Dios con nosotros.

Tomemos como ejemplo a Sodoma y Gomorra se les había dictado un decreto muy malo, pero Abraham Abinu rezó y finalmente Dios accedió a anular el decreto, si encontraban a diez hombres justos dentro de esas ciudades. Imaginémonos que Abraham Abinu encontró a esos diez justos, y que Dios anuló su decreto. ¿Acaso en esas ciudades iban a saber que se salvaron, gracias a los diez hombres justos que estaban estudiando Torá? Seguro que no, y no solo eso, sino que además jamás agradecerían a Dios por haberlos salvado, ya que nunca supieron que hubo un decreto malo que fue anulado.

Todos los días nos salvamos por el estudio de la Torá en nuestra ciudad, por las bondades que hacemos, y no nos imaginamos cuánto nos queda por agradecerle a Dios.

El Zohar nos relata que, una vez, iban dos rabinos caminando y a lo lejos vieron a un pobre que venía hacia ellos para pedirles una limosna. Los rabinos metieron las manos en sus bolsillos para buscar unas monedas y dárselas. De repente, el pobre se desvió del camino y fue a pedirle una limosna a otro hombre que iba caminando por ahí. Cuando los rabinos vieron este acto, uno le preguntó al otro: ¿Por qué el pobre se habrá desviado, de esa forma, a pedirle caridad a ese hombre? Le respondió, que de seguro, Dios había hecho ese acto para ayudar a ese hombre para que se salvara de algo malo que le estaba por ocurrir, ya que Dios antes de mandar un mal decreto le da a la persona una oportunidad de hacer una mitzvá, para que el decreto no recaiga sobre él. Los rabinos, convencidos de esto, dijeron: Vamos a seguir a este hombre para observar de qué se ha salvado. Después de un tiempo caminando, el hombre decidió acostarse bajo un árbol y en ese momento salió una serpiente que lo iba a morder. De repente, apareció un pequeño animal cerca de ese hombre y la serpiente mordió al animal y lo comió. Al terminar, la serpiente se retiró, el hombre se levanto de su descanso y emprendió de nuevo su camino. Cuando los rabinos vieron eso, dijeron: Este hombre jamás se enterará de la bondad tan grande que le acaba de hacer Dios.

A lo largo del día, muchas personas intentan atacarnos, hacernos sufrir, y Dios los desvía. ¿Cuántas veces habrá ocurrido que uno va caminando por la calle, un ladrón nos empieza a perseguir, sin que nos demos cuenta, y este decide ir a atacar a otro que le parece que tiene mucho más, en vez de robarnos a nosotros? Si ese día nos hubiesen preguntado ¿cómo estábamos? Hubiésemos dicho todo bien, tranquilo, pero jamás nos hubiésemos imaginado el favor tan grande que nos hizo Dios, en ese día.

Eso es lo que decimos en el rezo: “Veilu Finu Malé Shirá Kayam Uleshonenu Riná Kahamón Galav… Ein Anu Maspikim Lehodot Lejá Hashem Al Ajat Melef Alfé… Nisim Beniflaot SheAsita Imanu – Si nuestras bocas se llenaran de canciones como el mar, y nuestras lenguas de cánticos como el romper de las olas… No nos sería suficiente el agradecimiento hacia Tí, Dios, por uno de los miles de milagros y maravillas que hiciste con nosotros”

Es por eso que diariamente bendecimos: Bendito Tú, Dios, que revives a los muertos. Esta bendición está redactada en presente, y no en futuro, ¿Por qué? ¿Acaso la resurrección de los muertos no será en el futuro? En verdad, diariamente, Dios nos salva de la muerte y nos revive. No hace falta que se nos mate, es suficiente con que nos salve de la muerte, para decir que nos revive.

Hay que agradecerle a Dios por todo, por lo bueno, por lo malo, y también por lo que desconocemos.

Después de la Guerra del Golfo, los rabinos de Israel organizaron una fiesta de agradecimiento a Dios, por los milagros ocurridos. Treinta y nueve misiles cayeron y no mataron a nadie. En esa fiesta se levantó un portavoz del ejército israelí a dirigir unas palabras al público, diciendo: “Ustedes le agradecen a Dios por los milagros, pero ustedes todavía no saben todos los milagros que ocurrieron en esas horas de angustia y preocupación. Hay milagros que no se los puedo hacer saber, porque están relacionados con la seguridad nacional, pero uno de ellos sí tengo permitido revelárselo. Sadam declaró que tenía la capacidad de hacer explotar media ciudad de Tel Aviv y nadie entendió por qué lo dijo Pero durante su ataque, un Skud cayó en la planta de gases que abastece a todo el centro del país, que está ubicada cerca de Tel Aviv. Si ese misil hubiese llegado a explotar, en verdad, medio Tel Aviv hubiera desaparecido. Pero Dios nos hizo un milagro, el misil no explotó, aunque cayó entre las tuberías de gas. El que entiende, sabe que no hace falta fuego para hacer una explosión de gas y que basta con una chispa para que se active la explosión. Ese misil, cuando cayó, generó muchas chispas de fuego entre las tuberías, pero treinta días antes de que cayera ese misil ahí, hubo un desperfecto en las tuberías de gas y estas fueron cerradas, justo en esa zona donde cayó el misil, de tal manera que no hubo gas en ese momento y no ocurrió ese gran desastre que planeó Sadam”.

¿Quién iba a saber acerca de eso? Hay milagros de los que nos enteramos de la bondad de Dios y hay otros de los que no nos enteramos, sino hasta después de 120 años de vida. Por eso, Dios. “Te agradecemos por lo bueno, por lo malo y por todo lo bueno que todavía no sabemos, que hiciste por nosotros. Muchas gracias a Ti, Dios.”

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