domingo, 29 de agosto de 2010

Parashat: Nitzabim

ESTABLES

Parashat: Nitzabim
Por: Rabino Amram Anidjar

Unos días antes de la muerte de Moshé, éste le habló al pueblo. Diciéndoles: “Atem Nitzabim Hayom Kuljem Lifné Hashem” -Todos vosotros estáis hoy presentes ante el Eterno, vuestro Di-s-. A lo que Moshé se refería con estas palabras era que a pesar de que siempre Am Israel había sido un pueblo inestable, a veces eran justos y a veces no, HaShem siempre los tuvo presentes ante él como un pueblo bueno y ejemplar, como que jamás sufrieron cambios. A veces servían HaShem con entrega, pero llegaron a estar metidos en 49 niveles de impureza. Vieron los milagros de HaShem, la partición del Mar y después de tres días se quejaron que querían volver a Egipto. Recibieron la Torá, escucharon a HaShem y después de 40 días hicieron el becerro de oro. Dieron oro para el becerro y dieron oro para el santuario. Cuando los espías hablaron mal de Israel, se negaron a entrar a ella, pero al día siguiente un grupo se levantó muy temprano en la mañana y emprendieron su travesía hacia la tierra prometida. Así sucesivamente en muchos aspectos, Am Israel fue un pueblo inestable, cosa que el rey Shlomó lo calificó de muy negativo. “Hafajfaj Derej Ish Zar” -Los hombres extraños son inestables-.

Después de 40 años de cambios, Am Israel aprendió y entendió lo malo que es ser inestable. Aprendieron a ser constantes, a ir por la misma línea, y no que un día se lo dedican a Dios y el otro al Satán. Es por eso que Moshé les dijo que estaban presentes ante Dios, refiriéndose a que llegaron al nivel ideal de estabilidad, de constancia en la vida.

Una de las cosas más difíciles para el hombre es conservar su ritmo, ser constante, debido a que está siempre sujeto a cambios, cambios de temperatura, cambios de ánimo, etc. Es por eso que el Pirké Avot nos aconsejó que seamos constantes en el estudio de la Torá, el secreto del triunfo está en la constancia.

La Torá nos cuenta que cuando Rivká Imenu estaba embarazada y caminaba cerca de un templo de idolatría, Esav le pateaba como que quería salir, pero cuando caminaba cerca de la Yeshivá de Shem y Eber, cerca de Abraham y de Itzjak, Yaakov pateaba como que quería salir. Ella pensó que tenía un solo hijo, confundido, que no sabía escoger lo que quería de su vida, a veces aquí, a veces allá. Por eso fue a donde Shem, hijo de Noaj, a que le dijera lo que estaba pasando, y este por inspiración divina le dijo que tendría dos hijos. Al escuchar Rivká que eran dos hijos dijo que prefería un hijo estable aquí y el otro estable allá, que uno que estuviera completamente inseguro de lo que sería de su vida.

Esto fue lo que les dijo Eliyahu Hanabí a los judíos de su época que servían a Dios y hacían idolatría al mismo tiempo. ¿Hasta cuándo seguirán jugando las dos caras de la moneda, si Dios es el verdadero sírvanle a Él, si la estatua es el verdadero entonces vayan con él?
Estas palabras de Eliyahu Hanabí se les aplican a muchos judíos de hoy en día, que juegan las dos caras de la moneda. Es decir, cuidan Shabat pero están llenos de pecados. Comen Kasher pero hablan mal de los demás. Van a rezar, pero no paran de hablar en la sinagoga. Se ponen los tefilín, pero van los sábados a la playa. Al final resulta que no disfrutan ni de un lado, ni del otro. Por eso, debemos de hacer unas cuentas sencillas, si la Torá es mentira (HaShem nos libre), fue escrita por un hombre que estaba aburrido en el pasado, entonces todo es mentira, el Brit Milá es mentira, los Tefilín son mentira, el Shabat es mentira, etc.

La constancia determina la sabiduría de la persona, que sabe qué es lo que quiere de su vida. Un hombre inestable demuestra incertidumbre, duda, confusión, falta de visión que lo ayude a discernir entre lo bueno y lo menos bueno.
Por ejemplo, la Torá dijo acerca de Datán y Abiram que salieron estables. Es decir, su argumento era que a Moshé no le correspondía ser el líder de Israel, sino a ellos. Este argumento ellos lo expusieron siempre, desde el primer día que Moshé subió al mando hasta el día en que se fueron.
Datán fue el judío quien había sido mal tratado por el egipcio, que posteriormente fue asesinado por Moshé. Al día siguiente de esto, Datán y Abiram, le reclamaron a Moshé diciéndole que quién se creía él, para juzgar por la vida de los demás. Fueron inmediatamente a acusarlo al Faraón, provocando así que Moshé se escapara de Egipto.

Cuando salieron de Egipto, Moshé le informó al pueblo que recibirían maná, ese maná no podía ser dejado hasta el día siguiente, sino que debía ser comido ese mismo día, en que descendió. Datán y Abiram intentaron demostrarle a Moshé que se estaba equivocando, dejando el maná hasta el día siguiente, para su sorpresa vieron que se les había secado y que estaba lleno de gusanos. Así también ocurrió cuando Moshé informó que el viernes había que tomar doble porción, debido a que en Shabat el maná no descendería de los cielos, Datan y Abiram, el sábado por la mañana, fueron muy temprano hacia el altar y colocaron unas cuantas porciones de maná, tratando de desmentir a Moshé ante los ojos de Am Israel, pero vinieron unos pájaros que se comieron todo el maná.

Después del pecado de los espías, en una de las oportunidades, Am Israel empezó a pedirle a Moshé que los devolviera a Egipto. El Midrash nos relata que el pueblo trató de nombrar a Datán como líder, en vez de Moshé y a Abiram, en vez de Aharón. Afortunadamente, no pudieron llevarlo a cabo.

Cuando se rebeló Koraj contra Moshé, inmediatamente se unieron a su rebelión, Datán y Abiram. Ambos salieron estables, estables en sus ideas, desde el principio hasta el final de sus días. Desafortunadamente, esa estabilidad era negativa. Si analizamos bien, veremos que a pesar de su mal comportamiento, desde el principio hasta el final, el castigo que recibieron no fue tan grave como el de Koraj. Koraj además de haber sido quemado fue tragado por la tierra. Sin embargo, ellos fueron solamente tragados.

El castigo de los espías también fue muy fuerte, ya que demostraron inestabilidad en sus acciones. Por un lado, eran hombres muy justos, líderes de tribus, cargaban el Arca Sagrada, pero por el otro no supieron cómo controlar sus instintos y cayeron en el pecado, hablaron mal de Israel, se rebelaron, renegaron de HaShem, etc.

La persona que es inestable, ante los ojos de HaShem, es más grave que el que es estable negativo. Es por eso que la muerte de Datán y Abiram fue más ligera que la de Koraj, los espías, etc.

Seguro que no es bueno ser estable para lo negativo, sino para lo positivo, como Moshé, como la tribu de Levy, que nunca se rebelaron contra Moshé, no hicieron idolatría en Egipto, no participaron en la fabricación del becerro de oro, no se unieron a la rebelión de los espías, eran estables en el servicio a HaShem. Es por eso que tuvieron el mérito de ser los únicos servidores de Dios en el Templo. A dios le gusta le estabilidad y la constancia.

Para servir a HaShem a plenitud, es cierto que hay que ir subiendo, pero esa subida debe ser de manera constante, con estabilidad. Cuando una gallina quiere que su cría salga sana, debe de empollar los huevos diariamente, si empieza a hacerlo un día sí y un día no, entonces de ahí, no saldrá nada.

Si nosotros queremos cumplir todo a cabalidad, debe ser constantes en nuestras ideas, no basta con creer en Dios y en su Torá, sino que hay que estar seguros de esto. Una vez que seamos firmes y estemos estables a nivel de pensamiento, debemos empezar a ser firmes también con nuestros actos, día tras día.

De tal manera que tendremos el mérito de ser calificados como lo hizo Moshé con Am Israel, “Atem Nitzavim Lifné Hashem” - Vosotros estáis presentes (firmes) hoy ante el Eterno…”, para poder disfrutar de su providencia. Amén.

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