lunes, 11 de octubre de 2010

Con motivo del 12 de Octubre


En el diario de Yosef Ben Haleví Haivri, que fue un judío que viajo con Cristóbal colon en el viaje a las indias y que tuvo que cambiar su nombre al de Luis Torres, nos da detalles interesantes sobre el viaje que hiso el almirante junto con un grupo de judíos, lo escribió cuando tenia 71 años cuando ya habían pasado 31 años del descubriendo de América.
Dice su diario:
“Naci en Córdoba, Andalucía. Los detalles de cómo vivió el pueblo judío en los reinos de castilla y Aragón , son bien conocidos, tanto sus ilustres contribuciones al país en la edad de oro, como los terribles sufrimientos que le fueron impuestos desde que los cristianos iniciaron la guerra de la reconquista y más tarde cuando se estableció la inquisición.
Mi padre fue un escribano dedicado a escribir rollo de Torah durante toda su vida. Siempre estuvo rodeado de libros, manuscritos, comentarios de la Torah.
Como yo dominaba varios idiomas, entre ellos el hebreo, fui invitado a acompañar a Cristóbal colon como interprete en su viaje de descubrimiento. El pensaba que cuando hubiésemos alcanzado china en el lejano oriente podría localizar a los asilados judíos de las diez tribus pérdidas y quería estar en posibilidad de comunicarse con ellos.
Las tres carabelas. La santa María, la niña y la pinta, navegaron varios días y noches hasta que divisamos tierra. De acuerdo con mis cálculos, llegamos un viernes en la tarde, dos horas después del mediodía que en calendario judío era Hoshana Raba, el día 21 de Tishrei del año 5253 después de la creación del mundo. Este día estaba tan presente en mi mente que anote cada detalle como crónica para las futuras generaciones.
El día de nuestra expulsión de España era Tishá BeAv, día de ayuno, del año 5252 correspondiente a 1942, ese día marco también la tragedia de la destrucción de los dos templos varios siglos antes y ahora, un nuevo trágico acontecimiento se añadió a aquel nefasto día. Trescientas mil personas, la mitad de la cantidad que fue redimida de la esclavitud de Egipto, se acercaron a las playas del atlántico y del mediterráneo buscando trasladarse a otras tierras, a cualquiera donde pudiesen practicar libremente su judaísmo.
Yo era uno de ellos. Sin embargo yo era un refugiado, yo había sido comisionado para unirme a Cristóbal colon en un viaje del descubrimiento. Acepte a unirme a el en la esperanza de que encontraríamos hermanos judíos en las tierras donde nos dirigíamos y allí podría vivir mi vida en paz y libertad. Don Rodríguez, su tío don Gabriel Sánchez, Alonso, Lorqui, Rodrigo de Triana, Chon Cabrera, Doctor Bernal y doctor Marco aprobaron mi razonamiento y se unieron a mí.
Éramos un grupo grande de conversos que vivíamos en perpetuo miedo de la inquisición, Esperábamos que encontraríamos una vía para salir de la precaria situación que en que nos hallábamos.
Navegamos durante sesenta y dos días.
La mayor parte del tiempo el océano estaba calmo y el viento soplaba suavemente de este a oeste. Cristóbal Colon solía estar absorto en las cartas de navegación que le había preparado Rabí Abraham Zacuto, astrónomo e historiador.
Sin embargo, de vez en cuando, el océano se agitaba, las olas golpeaban ambos lados de nuestro barco. Estábamos seguros que nos íbamos a hundir en el fondo del mar. En esos difíciles momentos, durante la noche, Cristóbal colon se paraba en el puente buscando las raras estrellas que aparecían entre las nubes. El buscaba la aparición de la estrella del norte con el fin de medir la latitud en que nos encontrábamos. Estaba determinado a navegar hasta hallar tierra y su única orden era Adelante naveguemos.
Navegamos durante todo septiembre, celebrando los santos días de Rosh HaShana entre nosotros los conversos. En la víspera de Yom kippur que tuvo lugar ese año, el domingo en la noche, el océano estaba en calma. Caída la noche me envolví en mi Talit y me dirigí a la cubierta. Cante el kol nidreh. Voces en la pinta y la niña se juntaron a mí en mi oración. Parecía como si las olas respondían rítmicamente al sonido de las voces. Cuando termine el kol nidreh, Colon me llamo desde donde el se hallaba.
“¿No es la paloma uno de los símbolos del pueblo judío? –pregunto- usted sabe que el nombre de mi familia, Colombo quiere decir paloma… aquí debe estar la razón de este viaje”.
“No estábamos navegando en este barco en vano. Déjeme leerle lo que escribí: en el mismo día en que los judíos fueron expulsados de España por orden de su majestad el rey Fernando, el mismo día se me dio el poder para ir en la búsqueda de nuevas tierras, cruzando este oscuro y terrible océano”.
Nos mantuvimos quietos, uno al lado del otro, hasta que los rayos solares provenientes del este iluminaban el horizonte.
Once días más tarde advertimos las primeras señales de tierra que no estaba muy lejos. Unos pájaros de alas puntiagudas se lanzaban graciosamente al agua agarrando con sus picos pequeños peces. Me di cuenta que delgadas ramas con hojas ovaladas flotaban en el agua cerca de nuestro barco. Me fue posible alcanzar una de ellas y al sacarla del agua me di cuenta que era una rama de sauce. Yo estaba sobre excitado de alegría.
¡Es un milagro! ¡Un milagro! –grite- En este lugar Di-s me ha provisto de las ramas que necesito para cumplir con la Mitzvà de Hoshana Rabbah. Salude con mucho entusiasmo a los de la pinta. Alonso Lorqui respondió agitando también su rama de sauce.
Aquella noche, la noche de Hoshana Rabbah, todos los marineros dormían profundamente. El creciente lunar iluminaba gloriosamente sobre el agua cuando me senté toda la noche con Rodrigo de Triana recitando Tehilim como es costumbre en esa noche lo hicimos a la luz de la luna, en una versión en español que disponíamos.
Alabad al señor porque es bueno
Porque para siempre es su misericordia…
Con las primeras luces del día, nosotros que habíamos estado despiertos toda la noche, fuimos los primeros en divisar tierra no era un sueño, no era una alucinación. Rodrigo corrió a avisar a Colon que el había visto tierra. La excitación y los gritos histéricos despertaron a todos los marineros de nuestro barco y a los demás de los otros barcos.
Todos empezaron a cantar y bailar una nueva canción: ¿tierra tierra tierra?
Desembarcamos en la isla Guaananì que colon bautizo San Salvador y tomamos posesión de esas tierras para castilla y Aragón. Colon afirmaba que esa isla y las otras que luego divisamos eran las indias, cerca de Japón y China.
Y yo Yosef Ben Haleví, cante con mis amigos Alonso Lorqui, Chon Cabrera, Rodrigo de Triana, Don Rodríguez, Don Gabriel Sánchez, Doctor Bernal y Doctor Marco, una canción diferente un canto de agradecimiento de a Di-s por dirigirnos a un lugar donde podríamos públicamente manifestar nuestro judaísmo”.
(Tomado de Menachem Mendel 1984)

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