martes, 13 de enero de 2015

Prisioneros de la Tolerancia


Escuchamos constantemente hablar de tolerancia, aceptar a la gente a pesar de las diferencias. Las diferentes culturas necesitan encontrar la forma de coexistir en un mundo que cada vez resulta más pequeño.


Pero hay momentos en los que demasiada tolerancia puede ser perjudicial. Como cuando los judíos eran esclavos en Egipto. "Y te sacare de debajo de las cargas de Egipto" es la promesa que el Todopoderoso le dijo a Moshe que transmitiera al Pueblo de Israel, en la Parashah de esta semana. Uno de mis santos antepasados, Rabí Itzjak Meir de Gur (ampliamente conocido por su trabajo Jiddushei HaRim), interpretó la palabra hebrea para "cargas" —sivlot –como paciencia (de savlanut en el hebreo israelí moderno).

Esto quiere decir que para que los Hijos de Israel pudieran ser liberados del Faraón, Di-s debía primero liberarlos de su propio esclavitud interna. Los años de servidumbre habían dejado a los israelitas tan desesperados y oprimidos que los había hundido en una terrible resignación y desencanto, aceptando su situación como final e inalterable. La libertad era inimaginable para ellos. Algunos de nosotros somos tan tolerantes frente a situaciones intolerables que nos convertimos en intolerantes. Antes de que Di-s pueda liberarnos de nuestro "Egipto personal" necesitamos expulsar la mentalidad esclava de nuestra mente.

 Hace algunos años aconsejaba a un matrimonio con problemas. Durante una de nuestras sesiones, la esposa me confió que ella nunca sospecharía que su marido fuera infiel. Cuando le pregunté por qué, ella me dijo "él es demasiado perezoso, apático y letárgico. Nunca tendría la energía de empezar una aventura. No tiene ninguna ambición. No se enoja por nada de lo qué yo hago. Puedo gritar y chillar, maltratarlo, mandarlo a la casita del perro y no dice ni mu Puedo darle pan y mermelada todas las noches y él no se quejará".

 Me duele cuando veo muchas organizaciones judías en nuestra comunidad que bajan los parámetros y aceptan estándares inferiores en muchos niveles. Parece ser que estamos plagados de mediocridad. Siempre debemos esforzarnos para lograr la excelencia y siempre aspirar a los mayores niveles –tanto en el trabajo como en la sinagoga. La paciencia y la tolerancia son virtudes, pero somos demasiado tolerantes. Para ser verdaderamente libres debemos primero quitarnos los grilletes de la servidumbre de nuestra propia mentalidad.

Debemos dejar de aceptar todo que sea opresivo en nuestras vidas — sea esclavitud, exilio, discriminación, antisemitismo o la mediocridad en general. Podemos ser amos de nuestro propio destino si realmente lo deseamos. Pero el primer paso a nuestro propio éxodo personal es bajar nuestro nivel de tolerancia y salir de la prisión de la paciencia.

Cortesía: es.chabad

No hay comentarios:

Publicar un comentario